Abastecer de agua una ciudad moderna es una tarea ardua y costosa. La mayor parte de la población se concentra en las grandes urbes, en México, tenemos principalmente a La Ciudad de México y el área metropolitana, a Guadalajara y a Monterrey, ciudades con gran crecimiento y desarrollo pero, al mismo tiempo, con múltiples problemas de toda índole debido al excesivo crecimiento demográfico.

                Pocas personas se detienen a pensar en el agua que beben y en el proceso de limpiarla de desechos orgánicos e inorgánicos sólidos, contaminantes disueltos y cieno. Su purificación es una práctica antiquísima. Un documento antiguo que data del año 2000 a.C. recomienda hervirla y sumergir en ella siete veces un trozo de cobre caliente. Hoy se le agrega cloro para matar las bacterias y alumbre para precipitar el cieno y otras impurezas. Pero por cada adelanto de la técnica surge un nuevo problema. Por ejemplo, en la capa freática, otrora cristalina y refrescante hoy se acumulan detergentes, espumas y otros residuos. Por tanto, ninguna ciudad debe mirar con indiferencia el problema de la contaminación y el origen de su siguiente trago de agua, para apagar su sed. Hace algunos años quien nos iba a decir que íbamos a tener que tomar el agua embotellada y que muchas empresas, no todas honestas, iban a lucrar con la “purificación del agua”.

                En México, por citar otro ejemplo, tenemos la salida de las aguas negras de la Cd. De México, a través del tajo de Nochistongo, y posteriormente forman el sistema fluvial Tula-Moctezuma- Pánuco, que atraviesa Hidalgo, San Luis Potosí y Veracruz, respectivamente, por lo que es lógico comprender que los plantíos agrícolas y hortícolas de estos estados son irrigados por las aguas negras de este sistema, lo cual hace indispensable la purificación de estas aguas. En su trayecto, la naturaleza se va encargando de biodegradar los materiales orgánicos de más fácil descomposición pero no puede hacer nada contra los no biodegradables, entre los que se encuentran principalmente las botellas de vidrio, las bolsas de plástico, los residuos nucleares, y todo tipo de porquerías que arrojamos al medio ambiente.

                La escasez de agua potable, que hasta hace poco tiempo se hablaba del 1% del total del agua contenida en la Tierra y hoy ha disminuido hasta el 0.007%, nos hace comprender la importancia de valorarla adecuadamente antes de que este porcentaje disminuya todavía más. Esto nos alerta acerca de la imperiosa necesidad de que todos hagamos algo para no acabárnosla por completo pero el hombre parece no entenderlo ya que día con día vemos innumerables casos de desperdicio de agua, como, al lavar los vehículos, muchas veces lo hacemos con mangueras, los jardínes los regamos también con mangueras y agua limpia en lugar de hacerlo con agua tratada, cuando nos bañamos o lavamos los trastes desperdiciamos también gran cantidad de agua, en las ciudades no se arreglan con prontitud las fugas de agua, entre otros miles de ejemplos.

                Así es fácil comprender que a pesar de grandes esfuerzos de construcción de presas y sistemas de almacenamiento de agua el hombre no haya podido detener el exterminio del agua. Basta saber que bajo las calles de Londres corran más de 16 000 km de tuberías, kilometraje mayor que el de sus calles. Por ellas circulan diariamente 1 530 millones de litros de agua.

Las impurezas del agua que abastece una ciudad deben ser filtradas, precipitadas o neutralizadas químicamente y las plantas potabilizadoras de las grandes  ciudades deben examinar el agua procedente de todos los sectores de la planta para descubrir en el acto cualquier defecto en los filtros o tanques de asentamiento y prescriben los antídotos para corregir fluctuaciones en el volumen de impurezas, pero ¿qué sucede con las ciudades más pequeñas o menos desarrolladas económicamente que no cuentan con los recursos o el apoyo para poseer estas tecnologías?, o ¿qué sucede cuando una gran tormenta aumenta considerablemente las grandes cantidades de cieno y, por tanto, de bacterias patógenas, como las de la tifoidea, el dengue, el paludismo, entre otras, y obligan a aumentar las cantidades de cloro.

Recuerda acudir a la página http://www.ganoonline.com/profeacevedo registrate y ve los videos, después de verlos escribeme al correo electrónico lic_acevedo@hotmail.com  o comunicate conmigo (Ricardo Acevedo Arjona) al tel. cel. 44 21 29 08 55.

¿Cómo se abastece de agua una ciudad?

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